Bajo mi ventana


Son las dos de la tarde y el resplandor del sol se refleja en el anuncio de telefónica, por unos segundos me siento feliz, el brillo del sol está en su punto, tal es así que puedo observar nítidamente la nueva construcción, se trata del hotel Libertador. La torre es lo suficientemente erguida como para compararla con un centinela de guardia, mi mirada no sabe a cuál de los treinta siete pisos debe dirigirse ya que su belleza es incomparable casi igual a la de una esbelta modelo en pasarela. Desde la ventana de mi habitación no sólo puedo empaparme de tanta simetría, por otro lado tengo a la disposición de mi vista los techos de las casas contiguas, lamentablemente los gatos correteando inquietan la tranquilidad de Nicanor, mi canario, y es que estos gatos son tan molestos como cuando los niños juegan en el parque y hacen mucha bulla, por otro lado desde mi ventana se puede ver absolutamente todo, por consiguiente suelo detenerme a mirar a las personas que pasan al punto de sentirme una espía con información secreta puesto que ellos no me ven.