
El caso de Stephen Glass no es el único. Muchos otros "periodistas" se dejan llevar por su ego y recurren a todo tipo de tretas con el fin de escalar puestos en su carrera. Por ejemplo el caso de Jayson Blair, redactor del periódico " The New York Times", Blair hacía una especie de collage de otros diarios y a ello reescribia e inventaba más hechos como también declaraciones.
La reflexión que viene al caso tiene que ver con la esencia del periodismo. En una sociedad sobreinformada, donde cualquiera puede difundir información, sobre todo a través de Internet, el aspecto que puede distinguir al periodista del resto es que el primero estará siempre en posesión de la verdad. O por lo menos intentará contrastar la información lo mejor posible. Si el fin del periodismo es informar, acercar la realidad a los ciudadanos, en el momento en que se falta a la verdad, se fabrican noticias, se inventan escenas, personajes y declaraciones, entramos al mundo de la ficción y el periodismo deja de tener sentido. El periodista puede literaturizar sus textos, incluir aspectos que pertenecen al campo de la literatura, para amenizar la lectura, pero los textos periodísticos siempre se basarán en la verdad, o almenos eso es el ideal.
No hay comentarios:
Publicar un comentario